Introducción
El Proceso de Kimberley comenzó cuando los Estados sudafricanos productores de diamantes se reunieron en Kimberley, Sudáfrica, en mayo de 2000 para buscar el modo de frenar el comercio de "diamantes conflictivos" y garantizar que las compras de diamantes no financian la violencia.
En diciembre de 2000, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó una resolución histórica para respaldar la creación de un sistema de certificación internacional de diamantes en bruto. En noviembre de 2002, las negociaciones entre gobiernos, la industria mundial del diamante y las organizaciones de la sociedad civil concluyeron con la creación del Sistema de certificación del Proceso de Kimberley (SCPK). El documento del SCPK fija los requisitos para el control de la producción y comercio de diamantes en bruto. El sistema entró en vigor en 2003, cuando los países participantes comenzaron a implementar sus normas.
¿Quién participa?
El Proceso de Kimberley (PK) está abierto a todos los países que deseen y sean capaces de implementar sus requisitos. A fecha de septiembre de 2007, el PK cuenta con 48 miembros que representan a 74 países (la Comunidad Europea y sus Estados miembros cuentan como un único participante). Los miembros del PK representan aproximadamente el 99,8% de la producción mundial de diamantes en bruto. Asimismo, el Consejo Mundial del Diamante, que representa a la industria mundial del diamante, y las organizaciones de la sociedad civil (Global Witness, Partenariado África-Canadá) han participado en el PK desde sus inicios, desempeñando un importante papel.
¿Cómo funciona el Proceso de Kimberley?
El Sistema de certificación del Proceso de Kimberley (SCPK) impone amplios requisitos (*) que sus miembros deben cumplir para poder certificar que las remesas de diamantes en bruto no son conflictivas y evitar que los diamantes conflictivos accedan al mercado lícito. Según las condiciones del SCPK, los Estados participantes deben cumplir unos "requisitos mínimos", crear las instituciones y legislación nacionales adecuadas, aplicar controles a las exportaciones, importaciones y controles internos, además de comprometerse a respetar la transparencia e intercambiar datos estadísticos. Los participantes sólo podrán comerciar lícitamente con otros participantes que también cumplan los requisitos mínimos del sistema; las remesas internacionales de diamantes en bruto deben ir acompañadas por un certificado del PK que garantice que no son diamantes conflictivos.
La Presidencia del Proceso de Kimberley rota entre los países participantes. Hasta el momento, han presidido el PK Sudáfrica, Canadá, Rusia, Botsuana y la Comunidad Europea; en 2008, India ocupará la Presidencia. Los países participantes en el PK, así como observadores de la industria y de la sociedad civil, se reúnen dos veces al año en reuniones intersesionales y sesiones plenarias, así como en grupos de trabajo y comités que se reúnen periódicamente. La implementación se controla a través de "visitas de control" e informes anuales, además del intercambio y análisis periódico de datos estadísticos.
(*)Los requisitos de participación están recogidos en los Apartados II, V (a) y VI (8,9) del SCPK.
El Proceso de Kimberley: único y eficaz
El Sistema de certificación del Proceso de Kimberley (SCPK) se ha convertido en un mecanismo eficaz para frenar el comercio de diamantes conflictivos y ha sido reconocido como un instrumento de prevención de conflictos único que promueve la paz y la seguridad. Los esfuerzos conjuntos de los gobiernos, los líderes de la industria y los representantes de la sociedad civil han permitido que el Proceso de Kimberley (PK) ponga freno con éxito al flujo de diamantes conflictivos en un período muy corto. Los expertos en diamantes estiman que, en la actualidad, los diamantes conflictivos representan un 0,1% del comercio internacional de diamantes, mientras que en la década de 1990 se calculaba que representaban hasta el 15%. Ésta constituye la principal aportación del PK a la paz mundial, que no debería medirse en quilates, sino de acuerdo a sus efectos sobre la vida de la gente.
El PK no sólo ha frenado el flujo de diamantes conflictivos, sino que también ha contribuido a estabilizar países frágiles y ha fomentado su desarrollo. El PK le ha complicado profundamente la vida a los delincuentes y ha permitido que grandes remesas de diamantes, que antes no disponían de acceso, entren en el mercado lícito. Esto ha incrementado los ingresos de los gobiernos pobres y les ha ayudado a afrontar los problemas de desarrollo de sus países. Por ejemplo, en 2006 se exportaron lícitamente desde Sierra Leona diamantes por un valor de aproximadamente 125 millones de dólares, comparado con un volumen prácticamente nulo a finales de la década de 1990.
En 2006, una revisión del PK confirmó su eficacia y recomendó una serie de acciones para seguir reforzando el sistema en ámbitos como el control de la implementación y el fortalecimiento de los controles internos en los países participantes, así como una mayor transparencia en la recopilación de datos estadísticos.